¿Te ha pasado que, aunque tomaste la decisión de migrar por tu bienestar, hay días en los que sientes tristeza, desarraigo o que no perteneces del todo a ningún lugar? El proceso migratorio implica pérdidas que no siempre se nombran: la rutina, los vínculos cercanos, la sensación de estabilidad.
Esto se puede trabajar en un espacio que entiende ese proceso, te ayuda a sostener la incertidumbre y a reconstruir un sentido de pertenencia desde donde estás ahora.
Migrar es un recorrido, no una mudanza
01 · Lo que quedó allá
- La red que ya existía: familia, amigos
- El idioma cotidiano, los chistes, lo que se sobreentiende
- Un lugar donde ya sabías moverte
- Un nombre y un oficio que otros reconocían
02 · El cruce
- Aprender códigos nuevos mientras ya tienes que funcionar
- Sostener dos identidades a la vez
- La distancia con quienes siguen allá
- Volver a empezar sin haber terminado de despedirte
03 · Lo que se construye aquí
- Vínculos nuevos, elegidos esta vez
- Autonomía y recursos que no sabías que tenías
- Una versión tuya que allá no habría existido
El recorrido no es de una sola vía: se avanza, se extraña, se vuelve con la cabeza y se avanza otra vez. Ganar algo aquí no cancela lo que se perdió allá, y reconocer la pérdida no significa que migrar haya sido un error.
Cómo trabajarlo
Modalidades recomendadas
Grupos cerrados de máximo 8–10 personas, acompañados por dos terapeutas, durante 4 semanas. Ideal si te ayuda saber que no estás solo y prefieres un proceso estructurado.
Quiero empezar un grupo psicoterapéuticoUn espacio uno a uno con tu terapeuta, a tu ritmo y adaptado a tu situación particular. Ideal si prefieres profundizar en privado.
Quiero empezar terapia individual¿Y si esto no es exactamente lo mío?
Quizás también te identificas con alguna de estas.